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Historia: el camino hacia la Segunda Guerra Mundial

Los pasos previos a la Segunda Guerra Mundial. Relación entre Italia, Alemania y la URSS. La actuación de Fancia y Gran Bretaña. Guerra Civil de España. Checoslovaquia. Invasión de Polonia.

¿Cómo se gestó la Segunda Guerra Mundial? Las causas que llevaron a distintos países del mundo a un conflicto bélico fueron varias. Alemania fue el gran responsable y partícipe del enfrentamiento, pero no el único. Las claves de cómo se originó la confrontación entre Alemania, Francia y Reino Unido. El rol de Japón. El papel de la URSS.

La gestación de la Segunda Guerra Mundial

Las potencias fascistas en Italia y Alemania, y por Japón, llevó a establecer una política agresiva y expansionista. Los militares obtienen el poder a partir de una política autoritario-militarista. Esta política se vio reforzada por la debilidad de la Sociedad de las Naciones (SDN) Y por la falta de «carácter» de Francia y Gran Bretaña frente a los dictadores. Estos países crearon una política de apaciguamiento con la idea de que haciendo concesiones se evitaría una nueva guerra.

El primer antecedente se centra cuando Japón invadió Manchuria en 1931. Lo realiza con la excusa de la explosión de un tren militar japonés, en China. En 1932 lo convierte en Manchukuo, estado independiente bajo protectorado japonés, junto con Jehol. La SND condenó tal agresión, pero no impuso ninguna sanción. Japón abandona la SND, en el año 1933. Era la primera vez que un estado podía apoderarse de parte de otro país y administrarlo a su gusto.

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Banderas nazis en Alemania (Imagen: Wikimedia)

En 1933 Hitler llega al poder en Alemania, desde ese momento la Alemania de Hitler fue violando progresivamente los términos del tratado de Versalles. Ese mismo año retira a Alemania de la Conferencia de Desarme, que se estaba celebrado en Ginebra, y de la SDN. El Tratado de Versalles prohibía expresamente la unión de Alemania y Austria en un solo Estado. Sin embargo, ésta era una de las principales reivindicaciones que Adolf Hitler.

En el año 1934 tuvo el intento fallido de realizar el Anschluss (palabra alemana que en un contexto político significa unión, en este caso como Austria) mediante un golpe de fuerza de los nazis austriacos, que asesinan al canciller Dollfuss el 25 de julio en el edificio del gobierno en Viena. Es neutralizado por Mussolini que envió las tropas a la frontera. Como Hitler aún no contaba con Wehrmacht en toda su fuerza, ni bajo control total del nazismo, y aún en ese caso tampoco deseaba un conflicto con un régimen ideológicamente tan cercano como la Italia fascista, por lo cual se abstuvo de enviar tropas para apoyar a los nazis austríacos.

En enero de 1935, el Sarre -estado alemán-,  vuelve a ser parte Alemania, después de 15 años de administración francesa por fideicomiso de la Sociedad de Naciones. Pocos meses después, Hitler restablece el servicio militar obligatorio generalizado que había sido prohibido por el Tratado de Versalles.

En octubre de 1935, Italia, cumpliendo sus ambiciones imperialistas, invade Abisinia (Etiopía), contando con la oposición del Reino Unido, la tibieza de Francia y el total apoyo de Alemania. El emperador Haile Selassie, intentó infructuosamente oponerse a los invasores. La SDN, declara a Italia agresor e impone sanciones económicas limitadas (se excluyeron del embargo productos esenciales como el petróleo, el carbón y acero). Mussolini se aleja de las potencias democráticas Occidentales para aproximarse a Alemania. Abandona la SDN, en el año 1937.

En 1936 Hitler lleva a cabo la remilitarización de Renania (territorio situado en la orilla oeste del Rin) La ocupación de ese territorio constituía un elemento clave del irredentismo hitleriano. De modo que el 7 de marzo, 30.000 soldados alemanes, muchos de ellos montados en bicicleta, irrumpieron en el territorio. Gran Bretaña no hizo nada y Francia se limitó a reforzar las fortificaciones que había empezado a hacer el Ministro de Guerra, André Maginot. La tibia respuesta de los antiguos aliados tomó por sorpresa a los mandos alemanes, que esperaban una reacción más contundente

La Guerra Civil española (1936-1939), provocada por una sublevación de militares del General Franco, contra el gobierno de la República, fue otro elemento más en este contexto. La Guerra Civil Española alcanzó una amplia repercusión internacional. Los distintos Estados se posicionaron a favor o en contra de los dos bandos. Los gobiernos totalitarios de Alemania e Italia apoyaron desde el principio el golpe de estado. Gran Bretaña y Francia impulsaron una política de neutralidad y no intervención con el fin de mantener el conflicto centralizado e impedir que se explaya por toda Europa.

Auspiciado por el gobierno británico, las principales potencias europeas (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y la URSS) firmaron un «Acuerdo de no intervención» en el conflicto de la Guerra Civil de España. Alemania e Italia violan el acuerdo, enviando armas, soldados y asesores a Franco.

Por la parte de la República, fueron abastecidos por la Unión Soviética, y además contaron con la ayuda de miles de voluntarios antifascistas europeos y norteamericanos, las llamadas Brigadas Internacionales.

La guerra civil española sentó las bases de lo que iba a ser la Segunda Guerra Mundial: fascismo y antifascismo. La guerra de España contribuyó a aproximar a los enemigos de la democracia. 

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Aviones de la Fuerza Aérea de Australia (Imagen: Museo Victoria)

En octubre de 1936 Hitler y Mussolini llegaron a un acuerdo de cooperación: el Eje Roma-Berlín, llamado así porque alrededor de él debía girar el mundo. El mismo año, Alemania firmó con Japón el Pacto Antikomintern o alianza anticomunista, al que se unió Italia en 1937.

En 1937, Japón ocupó la parte noreste de China con el objetivo de obtener nuevos territorios y aprovechando la debilidad china provocada por la guerra civil entre comunistas y republicanos. Originando así, la Guerra Chino-Japonesa, que se extendería hasta 1945, ya dentro de la Segunda Guerra Mundial. 

En 1938, Hitler, seguro de su fuerza militar, considera llegado el momento de la conquista. Y el 12 de marzo las tropas alemanas entraron a Austria, aclamadas por la mayoría población,  en donde se llevó a cabo el Anschluss. Para legitimar la anexión, Hitler convocó un referéndum, que arrojó unos resultados abrumadoramente favorables a la unión.

La tibia oposición de las potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial (especialmente Reino Unido y Francia), que debían haber garantizado el cumplimiento de los acuerdos de Versalles respecto a Austria, estimularon la política expansionista de Hitler

Tras la incorporación de Austria al tercer Reich, la política expansiva alemana se centró en Checoslovaquia, punto de partida de la realización del espacio vital hitleriano. En 1938 Hitler reclamó la región de los sudetes checos, donde vivían más de tres millones de alemanes, cuyos derechos, según el gobierno alemán, estaban siendo infringidos.

Pero las fronteras checas estaban garantizadas por los Tratados de Locarno y, además, Checoslovaquia había firmado tratados defensivos con Francia y con la URSS. Una intervención alemana podría derivar en una guerra europea. Fue eso lo que llevó a Chamberlain a promover una Conferencia en Munich, en otoño de 1938, entre Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia. En ella se acordó la transferencia de los Sudetes a Alemania a cambio de garantizar la independencia de Checoslovaquia

Los acuerdos de Munich fueron declarados nulos por Checoslovaquia, bajo la alegación de no haber estado presente en las negociaciones. Tampoco fueron aceptados por la URSS, al considerar que Francia y Reino Unido habían sido excesivamente condescendientes con los regímenes fascistas.

La Conferencia de Munich fue, además, una solución inútil, ya que en marzo de 1939 los ejércitos de Alemania entraron en Praga tomando el control de los territorios checos restantes. Al día siguiente, Hitler, desde el Castillo de Praga, proclamó el establecimiento del Protectorado de Bohemia y Moravia, mientras que Eslovaquia se convierte en el Estado títere de Berlín. Contra lo acordado en Munich, unos meses antes, Checoslovaquia dejó de existir. También se apoderó del territorio de Memel, perteneciente a Lituania.

Cuando por esas fechas (abril de 1939) Italia invade Albania, Francia y Gran Bretaña garantizaron la independencia de Grecia y Rumanía e incluso empezaron a considerar la posibilidad de una alianza con la URSS, ofrecida por ésta en diversas ocasiones desde mediados de los años treinta.

Pero Hitler se les anticipó: Alemania y la URSS firmaron el 23 de agosto de 1939 el Pacto Ribbentrop-Mólotov, que incluía un protocolo secreto en el que ambas potencias se dividían a Polonia. El pacto, que conmocionó al mundo antifascista, no podía ser más contradictorio desde el punto de vista ideológico, pero dentro de las circunstancias de la época tiene mayor lógica: Stalin pensaba con bastante fundamento que, en caso de sufrir un ataque alemán, las potencias occidentales no moverían un dedo por salvar a la Unión Soviética.

En cuanto al reparto de Polonia, los soviéticos lo valoraban como una especie de reparación histórica que les devolvía los territorios de cultura rusa que después de la Primera Guerra Mundial habían sido colocados bajo bandera polaca. Para Alemania se trataba de evitar que la URSS se aliara con Francia y Gran Bretaña para salvar a Polonia. Hitler se cubría así las espaldas. El pacto causó asombro y malestar entre muchos comunistas europeos. Por otra parte, todos se dieron cuenta de que el pacto significaba la guerra.

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1 de septiembre de 1939, el ejército alemán invadió Polonia. Tras la invasión, el Reino Unido y Francia le dieron dos días a Alemania para retirarse de Polonia. Una vez que pasó la fecha límite, el 3 de septiembre, el Reino Unido, Australia, y Nueva Zelanda le declararon la guerra a Alemania, seguidos rápidamente por Francia, Sudáfrica y Canadá. Aun así, el ejército alemán no se echó atrás y desplegó una serie de campañas militares con las que consiguió conquistar gran parte de Europa.

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